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Durante el periodo Jurásico, hace 150 millones de años, en la zona donde reinaban bosques de gigantescos árboles antecesores de las actuales araucarias o pehuenes, en época de dinosaurios y reptiles voladores, el paisaje era muy distinto al actual, el clima era templado y uniforme debido a que no existía la Cordillera de los Andes y los vientos húmedos del Océano Pacífico favorecían el desarrollo de una vegetación exuberante.
Aún en el este no se había abierto el Océano Atlántico y nuestro continente estaba unido a África. Fue en una época de intensa actividad volcánica, durante la cual vastas extensiones de bosques como este sucumbieron por vientos violentos, siendo luego sepultados en su mayor parte por capas de cenizas volcánicas de varios metros de espesor. Posteriormente, el agua de lluvia, al filtrarse a través de la ceniza, se cargó de soluciones ricas en minerales que penetraron y se cristalizaron en todas las cavidades y espacios vacios de la madera, en un largo proceso físico-químico que los paleontólogos denominaron “silicificacion o petrificación". Con el transcurrir del tiempo, la acción de distintos agentes erosivos puso al descubierto lo que hoy podemos observar, aunque aún quedan ejemplares sepultados debajo de estos, como testigos del asombroso legado del planeta Tierra.
Así nace nuestro Bosque Petrificado, que en el pasado fue un territorio de gigantes y que hoy es el yacimientos de troncos fósiles más grande hallados hasta el momento, únicos e irremplazables. También dentro de su entorno natural se encuentra representado y protegido un ecosistema muy vulnerable, la estepa semidesértica patagónica.
Este Monumento Natural está ubicado en una geografía paisajística de colores llamativos y formas curiosas donde se destaca el cerro Madre e Hija, conocido también con el nombre de volcán Horqueta, cuyas erupciones fueron superiores a la gran actividad volcánica que sepultó y fosilizó el bosque. Actualmente está inactivo y su estructura cónica es una de las formas características de los volcánes, y lo que se ve hoy son restos de la erosión de entonces de gran parte del sedimento en forma de cono. Sólo permanecen chimeneas por donde emergía la lava y un cono de roca más resistente a la erosión, conocido como Pitón Volcánico. Una de estas chimeneas, la mayor y central, se conoce como Madre, y la otra, lateral y más chica, como Hija, de ahí su nombre de parte de los pobladores de la zona. Posee una altura de 400 msnm, es el más importante de la región y todo un símbolo en pleno corazón de Santa Cruz.
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